Limpieza de armario

Hoy he empezado a hacer un poco de limpieza en mi armario. Al abrirlo cayeron varias cosas que ya ni recordaba que tenía almacenadas, cosas que estaban llenas de polvo y telarañas. Todas estas cosas son las que pasaron sin pena ni gloria por mi vida, así que las he cogido y las he puesto  en bolsas y directas a la papelera. Ya no quiero que ocupen más espacio inútilmente.

Continúe limpiando y  encontré más cajas. Al contrario que las anteriores estas estaban apiladas y muy ordenadas. Estaban colocadas por fechas. Las he ido cogiendo al azar y abriéndolas. Hubo una que me llamo mucho la atención. Era una caja con unos guantes blancos muy bonitos. Eran de esos que te dejan los dedos al descubierto y si los doblas vuelves a tenerlos cubiertos y calentitos. Estos guantes eran de la que ahora es mi mejor amiga. Estaban en esa caja porque es uno de los primeros momentos especiales que pase con ella y decidí guardarlos como recuerdo de ese día.  Fue en una excursión al skating de Barcelona.  Ese día entre las dos conspiramos por llamar la atención del señor “X”(ya lo sé el nombre en clave no es muy original). No sé si lo conseguimos pero nos reímos tanto que aún siento nuestras risas alrededor.

¡Qué recuerdos!

Muy escondida encontré una caja muy rara. Era negra pero esta no me atreví a abrirla. Tenía muchas notas de mi puño y letra que ponía claramente. NO ABRIR. Sinceramente que me ponga eso me da más ganas de abrirlo pero hoy no era el día. La deje nuevamente escondida debajo de una caja del 8 de enero del 2010. Así sabría donde encontrarla.No recuerdo el contenido quizás mi cabeza se niega a recordarlo.

Finalmente había una cajita blanca. Esa caja estaba limpia y brillaba de una manera especial. Era la caja donde guardaba las cosas más valiosas. Recuerdos de mi infancia, recuerdos de viajes, recuerdos de personas especiales, personas que por un motivo o otro ya no están a mi lado. Esta era la primera que encontraba al abrir el armario por las noches. Me gustaba tener presente esos recuerdos.

Bueno por hoy ya he limpiado demasiado si tenemos en cuenta que no he movido un solo dedo. Y todo ha sido desde mi cama. Quizás no lo debí titular Limpieza de armario cuando me quise referir a Limpieza de “recuerdos” pero es que a veces mi cabecita es como un armario desordenado y necesito poner orden.

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Color

Se canso del gris de sus días. Así que decidió ponerle color.

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Oslo 2015

¿Cúal es tu color favorito?

Llevábamos hablando varias horas. No parábamos de reír entre anécdotas que es mejor no recordar y chistes malos. En medio de los pocos momentos de silencio le pregunté sin pensarlo:
-¿Cúal es tu color favorito?
-Rojo -respondió él con una sonrisa.
No pude evitar sonreír con el corazón al verme capaz de formular la pregunta. Habían pasado varios años desde que le pregunté a un chico su color favorito por última vez.
Antes de que penséis que no tiene sentido lo que estoy diciendo os voy a explicar por qué era tan importante esta pregunta para mí.
Cuando cumplí los 9 años, y creía en esas cosas que dicen del hombre perfecto, escribí en un papel todas las características del hombre ideal para mí. Lo titulé Mi futuro marido. En esta lista enumeré una infinidad de cosas: Alto, moreno, ojos bonitos, que me haga reír, que le guste correr, que me preste los deberes, que me cuide y que se pelee por mí si hacía falta, que sepa dónde está Ecuador, que me abra la puerta, que le guste el color rojo, que tenga una sonrisa-colgate, que sea amigo de mis hermanos… y así varias cosas más.

Al parecer a mi chico ideal le tenía que gustar el color rojo. No puedo dejar de reír en pensar que si ya era suficientemente difícil encontrar a un chico medianamente interesante como para colmo también tuviera que gustarle el color rojo. Mi yo pequeña quería complicarme un poco las cosas, por lo visto. No seguía la lista, claro está. Pero sin darme cuenta la pregunta ¿Cúal es tu color favorito? se convirtió en la manera de decirme en voz alta que me estaba enamorando de la persona a la que se la formulaba. Se convirtió en ese muro entre amigo y quiero-algo-más. Obviamente esto nadie lo sabía así que todo era para mí.

He de confesar que lo he preguntado tres veces en mis 22 años.
La primera vez tenía 15 y me respondió AZUL. Es una historia fácil. Era mi mejor amigo y me gustaba. Pero al parecer a él ya le gustaba “otro color” llamado Marta.

La segunda vez tenía 18 años y su respuesta fue GRIS. Siento que quizás así fue nuestra relación. Fue gris porque con él era todo blanco. Era una persona tan buena, de un corazón enorme…pero el recuerdo de su ex-novia era negro. Y eso nos alejaba. Hasta que un día se acabó esa tonalidad en mi vida y nos separamos. No recuerdo muy bien en qué momento pero dejamos de hablarnos. Supe que meses después volvió con ella. Pero también sé que meses más tarde lo dejaron. Y no es que me alegre pero esta experiencia me hizo darme cuenta de la importancia de valorarse uno mismo y de saber decir ¡BASTA!. Aprendí que hay otras maneras de querer. Y que a veces hay que dejar ir.

He vuelto a preguntarlo. A arriesgarme. Y a esperar que la respuesta fuera cualquier otro color que no el rojo. Y esta vez sí. Porque así funciona la vida, te sorprende y no te avisa de quién viene y quién se va. Y entonces llegó él y con él me daba igual cualquier color porque pintó mi vida de tantos tonos que olvidé que ROJO era la repuesta correcta. Y me hizo mejor persona, mejor amiga, mejor estudiante. Me enseñó a pintar y me enseñó que el azul y el gris también podían combinar. Y sí, yo seguiré formulando la pregunta. LA pregunta. Esa misma que ahora me enseña que la vida es bonita independientemente del color con el que la mires, que lo importante no es de qué color la pintas, sino con quién la pintas.

Todos tenemos alguna señal que nos indica que alguien pasa a ser algo más que un amigo. En mi caso era algo tan sencillo como formular esta pregunta. Y ¿Cúal es tú señal?